Comentarios por Osiris Chierico

Se podría decir que la existencia y la voluntad del diálogo en la raíz de la obra de LUCY MATTOS, la escultora misionera en quien esa noción raigal, esa alusión vegetal está estrechamente ligada a su obra desde sus comienzos encarados junto al monte de infinitas formas.

Ese diálogo, que en estos momentos se advierte como decantado en su incorporación definitiva, no solamente se refiere al de los materiales, establecido de manera que nada tiene que ver con un recurso estético, sino que impone su necesidad, o mejor dicho, el sentido de esa necesidad.

En LUCY MATTOS también juega la interlocución de las civilizaciones, la que vive y ama y alimenta en última instancia su producción y la adquirida en sus viajes – Europa, África, América – sobre cuyos testimonios se a inclinado lúcidamente, buscando coincidencias, aproximaciones, conductos subyacentes que la unen en cuanto a artista, a toda esa gran tradición que ha sabido asimilar. De allí la enriquecedora evolución de su obra, que alguna vez transitó los azarosos territorios de lo abstracto y que se ha convertido en la actualidad en una metáfora de la realidad circundante y de sus habitantes, bella metáfora basada generalmente en el juego de los ritmos armónicos, casi musicales.

Presencia estética que no excluye por cierto una suerte de compromiso ético, social, en el que la mujer y su problemática ocupa un núcleo central. Tanto que una de las formas habituales que elabora, acercan la imagen del seno materno, del cóncavo reducto donde crece la vida.

En este sentido, la obra de LUCY MATTOS es esencialmente vitalista, cargada de mensajes, de señales, de claves que aproximan el sentido de sus formas en el espacio. Hasta lo que puede parecer una simple voluta lo anticipa si se sabe llegar a sus interioridades.

Osiris Chierico

Volver a crítica